MOTIVOS PARA BAILAR

MOTIVOS PARA BAILAR

He visto un vídeo de Lucia Be, ya sabéis lo que yo adoro a esta ilustradora, hace pensar. En el vídeo pregunta cuáles son tus motivos para bailar, y lo cierto es que son demasiadas las veces que olvidamos que es lo que nos hace mover las caderas.

Parece mentira como cambian estos motivos en un año, como cambian estos motivos en una vida, como cambian estos motivos según lo que hayas pasado, con quien lo hayas pasado y como lo hayas pasado. Ojalá nunca faltasen motivos para hacerlo, nunca deberíamos dejar de bailar, nadie.

Yo tengo ahora muchísimos más motivos para bailar. Y me gusta bailar, aunque lo hago fatal, pero me gusta bailar y cantar en la cocina, cogiendo la cuchara de palo a modo micrófono y sintiéndome Beyoncé con traje de lentejuelas, aunque no sea negra y tenga el culo más grande.

Me sobran motivos para hacerlo, pero el principal es que lo puedo hacer. Puedo mover las piernas, las dos, me gusta girar la derecha de un lado para otro, a lo Betty Rizzo, al más puro estilo Grease. Y me gusta girar, porque me recuerda que estoy viva, y que me mareo si lo hago.

También puedo bailar porque tengo un padre que me ha enseñado toda la música que existe en el universo, y puedo bailar blues porque se quién es Eric Clapton, y puedo bailar un rock&roll porque se cómo lo haría Miguel Ríos.

Y puedo bailar lento, con la música bajita, porque tengo una madre que es un poco sosa musicalmente hablando, pero da abrazos muy fuertes, como esos que se dan en los chotis.

Y puedo bailar por Rocío Jurado o Lola Flores, porque mi abuela me cuido, y lo puedo hacer mientras cocino porque se hacer croquetas gracias a ella.

Puedo bailar saltando mientras voy en bragas a la ducha porque tengo una amiga que me chilla desde la cocina que me arregle de una santa vez (lo saben los chinos).

Puedo bailar mientras ella no baila, porque solo quiere ver como hago las recetas que nunca le pongo en el cuaderno que le regale hace años y solo tiene la miserable crema de calabacín.

Puedo bailar porque tengo trabajo, y puedo permitirme tener esa nevera llenita de botellas de vermú para usarlas de micro cuando la cuchara está en el lavavajillas.

Puedo bailar con los labios rojos, porque los tengo, y los uso, y debo bailar por los besos que doy con ellos y por todos los que me dan cada día.

Puedo bailar en mi cocina, pero también alrededor mundo, porque he viajado y viajare hasta que mi cabeza no me deje hacerlo, porque el cuerpo de momento me sostiene.

Y puedo bailar porque cada día que pasa me doy cuenta de que puedo hablar, oír, sentir, saborear, oler, gritar, correr (esto regulín regulan), saltar, comer, abrazar, amar y respirar, porque sigo viva, y ese es el mayor de mis motivos, yo misma, yo soy el mayor motivo para bailar, cada día, porque estoy viva, por eso, me sobran motivos, motivos para bailar.

Ayer fue el día mundial contra el cáncer, espero que todos y cada uno de los que bailan contra esta maldita enfermedad puedan seguir haciéndolo durante mucho, muchísimo tiempo. Y qué pronto su mayor motivo para hacerlo sea que están CURADOS.

(Leiva, la llamada)

 

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