QUERIDA CZESLAWA

(Leer escuchando song for someone de U2)

Querida Czeslawa,

Por primera vez en mi vida desearía no estar escribiendo, desearía no haberte visto, desearía que no nos hubiésemos conocido en un lugar tan triste, tan lleno de rabia, tan lleno de tristeza, de almas, de historias, de oscuridad. Desearía haberte conocido en un parque, en uno de esos parques en los que el verde lo inunda todo, un parque con cascada, lleno de luz, de sol, de gritos, gritos de felicidad, de niños, de vida, de pura y radiante vida.

No puedo imaginar, por mucho que toque estos muros, lo que sentiste. Lo intento, de verdad que lo hago, cierro los ojos, respiro la realidad, la cruda realidad que duele al pasar hacia mis pulmones, siento el frio y quema, abrasa la nieve cayendo sobre mi cara desnuda, porque he decidido quitarme la bufanda que me abriga para poder sentir una milésima parte de ese invierno feroz que te quebró los huesos, que te rompió el corazón en mil pedazos y rasgo tu alma hasta dejar de creer en la piedad, en la humanidad, hasta dejar de creer.

Pongo las dos manos sobre tu foto, y repaso las letras de tu nombre, Czeslawa, Czeslawa Bernard, intuyo esa media sonrisa en tu cara, esa sonrisa de alguien valiente, que desafía al miedo a su manera, que de tanto que ha dejado atrás, no le queda nada que perder, y noto que me quieres decir que eso es lo único que no te pudieron arrebatar, la sonrisa, leve, pero presente. No es una sonrisa de felicidad, pero si de coraje, de arrojo, de valentía. Esa sonrisa que esconde una rabia de dientes apretados y puños cerrados, la rabia contenida al no poder luchar con esos puños, pero que sabe que tiene una arma letal, el tiempo, porque tú sabías que nos encontraríamos, tarde o temprano, tú, yo y el tiempo. Y lo sé, sé que estabas ahí esperando pacientemente a llamar mi atención, lo sé, porque creo en los hilos rojos, en los finales jodidamente duros, pero también en los eternamente justos y felices.

Y hoy te escribo a ti, la mujer que me llamó en Auschwitz, para que estés donde estés puedas volver a creer. Porque tú eres solo una de ese millón y medio de personas que se bajaron de un tren con algo de esperanza, poca, perdiéndola en el segundo en el que se abrieron las puertas de un vagón que dejaba ver esa extensión interminable llamada Birkenau, para no volver a recuperarla jamás; para deshacerse de su vida apretada en maletas, maletas llenas de enseres que harían las delicias de sus carceleros, llenas de prótesis, prótesis que soportarían el peso de sus asesinos, llenas de fotos, fotos que servirían para encender las estufas de las cámaras del horror, llenas de zapatos, zapatos que harían que sus pies desnudos tuvieran que soportar el duro y frio suelo que yo solo me atreví a tocar con una mano temblorosa y cobarde. Y cuando ya no les quedaba más que su propio cuerpo, les arrebatan su último signo de identidad, su pelo, pelo que vestiría la piel de sus propios verdugos, hecho tela, girones de tela horrible.

Eres tú, Czeslawa, la que dé entre ese millón y medio de caras y números colgados en paredes infinitas, me hizo temblar, de pies a cabeza, flojeó mis rodillas y tocó mi corazón, para juntarlo con el tuyo. Los que me conocen saben bien que yo creo en la energía, una agnóstica que cree en las energías, dos mujeres, una agnóstica y una judía unidas por un momento en el tiempo, seguro que esto enfadaría terriblemente a tus asesinos y eso me empodera, nos empodera. Y llenándote de esperanza, de toda la que perdiste, porque los corazones rotos pueden recomponerse, siempre, te escribo estas líneas, porque no todo está perdido, porque toda la vida es ahora, este momento que nos ha unido.

Ojalá puedas ver a través de mis ojos lo que está pasando, sois héroes, valientes, gigantes, y se os recuerda, con pena, pero con fuerza, con ganas de luchar, de que no se repita, con rabia y con fe. Y yo he querido que se te recuerde a ti, Czeslawa, porque nadie merece ni un segundo de sufrimiento por ser judío, cristiano, gay, polaco, gitano, al fin y al cabo, persona. Nadie merece ser marcado, jamás, nadie, nunca.

Separo las manos de tu foto, cansada, como si todo lo que me has querido decir me hubiera dejado exhausta, han sido unos segundos, no puedo imaginar cómo fue tú mes de vida allí, han sido solo unos segundos, pero me gustaría que te quedases conmigo, para siempre, para que veas que el mundo es jodidamente arrebatador y te lo quita todo, pero también es maravilloso y te da mucho. Separo las manos de tú foto, pero no de tus manos, quédate conmigo, y vuelve, aunque sea por un momento a creer, Querida Czeslawa.

                                                                                                       Lola Mento